René Magritte, un icono de Bruselas que fascina a todo el mundo

A pesar de que René Magritte vino al mundo en la provincia belga de Le Hainaut, fue en Bruselas donde se desarrolló plenamente, donde conoció a sus amigos y desplegó su vena artística, y donde vivía y se sentía como en casa. Fue precisamente en Bruselas donde Magritte se transformó en icono del surrealismo, un icono que cautiva y fascina más allá de las fronteras belga y europea.

  • Bruselas, cuna del surrealismo

  • El talento de René Magritte, nacido en 1898, se manifestó muy pronto, ya que empezó a asistir a sus primeras clases de pintura en el año 1910. Sin embargo, el desarrollo total de su talento se produjo a partir de 1916, cuando se matriculó en la Academia de bellas artes de Bruselas. Allí no solo desplegó todas sus aptitudes en el transcurso de sus estudios, sino que también pudo conocer a distintas personas y descubrir las ideas e influencias que circulaban por la capital belga por aquel entonces. Magritte se sumergió en los movimientos artísticos de la época (impresionismo, simbolismo, futurismo, dadaísmo...) que allanaron el camino al surrealismo, una corriente de la que, más adelante, se convertirá en una de sus principales figuras.

  • Vida y andanzas por Bruselas

  • Magritte construyó su vida en torno a la capital belga. Allí se casó con Georgette Berger, una de sus compañeras de la escuela de Charleroi, y vivió en una decena de lugares diferentes. A excepción de una breve escapada a París, donde conoció a grandes artistas de la época, Bruselas fue y siguió siendo una constante en su vida. Su casa de Jette le servía al mismo tiempo como nido familiar y cuartel general, y, con los años, se convirtió en la casa museo René Magritte, un lugar en el que los visitantes todavía pueden sentir una cercanía real con el artista incluso tantos años después de su muerte. A los 27 años, el artista firmó un contrato relativamente lucrativo con el propietario de la galería Le Centaure, situada en la Avenue Louise de Bruselas, pero los ingresos de sus pinturas no le bastaban para poder vivir. A partir de entonces, Magritte recurrió a trabajos en el sector de la alimentación, como dibujante en una fábrica de papeles pintados, diseñador de carteles publicitarios... «Trabajos imbéciles», como él mismo los denominaba. No comenzó a vivir de su pintura hasta que alcanzó una edad más avanzada. El artista murió el 15 de agosto de 1967 en Schaarbeek, donde está enterrado junto a su esposa, que falleció años más tarde.

  • Los dos museos de Magritte en Bruselas

  • Algunos definen su pintura como poesía en forma de cuadros que representan palabras.  «Para mí, la concepción de un cuadro es una idea de una cosa o de varias cosas que pueden hacerse visibles con mi pintura».  Magritte parte de una idea en forma de texto que, posteriormente, traslada al lienzo. Además de artista y pintor, Magritte también era dibujante, tallador, escultor, escritor, fotógrafo, cineasta, diseñador de carteles... El segundo museo de Bruselas que lleva su nombre, el museo Magritte de la Place Royale, ilustra ampliamente esta polivalencia a través de una vasta colección multidisciplinaria del artista (la más importante del mundo).

  • El museo imaginario

  • La pipa de La traición de las imágenes, el hombre con el bombín de Golconda, la manzana de El hijo del hombre, el pájaro (en su día el logo de la compañía aérea Sabena) de El pájaro del cielo... Magritte nos ha dejado incontables imágenes típicas que, en adelante, pasaron a formar parte de nuestra memoria colectiva. Puede que nuestra memoria colectiva cuente como un tercer museo sobre Magritte, en este caso, centrado en nuestra imaginación...